Por donde pueda
Ay mijo gracias por el puesto, la verdad es que en esta ciudad ya no hay caballeros, imagínate que a mi nuera, ella vive sola es que Jesús, mi hijo, el menor, el que tiene el vende-paga, le monta caaaachos…y con Betsy ¡la hija de Gregoria, mi compañera del club de bolas criollas! ¡Coño es que ese Jesús sí es fuñío!
Bueno yo también, yo digo las cosas sin pensar y por eso he tenido cada peo; una vez le dije a Yaritza, la esposa de mi primo Hernancito, que si estaba embarazada, que se le veía linda la barriga ¡Qué bolas, la mujer ya se había ligado! El peo que se formó en esa casa ¡qué bolas ique embarazada…vieja de mierda esa…! Eso me lo contó después Hernancito echándonos palos, muertos de risa en la graduación de Vanesita, la hija de Ernesto, mi otro hermano.
Mijo la Vane se fue a la peluquería de Magda y se puso bellísima, ¡y después agarró una peeea! El papá estaba que echaba candela, pero después de cuatro rones, ni se acordaba qué carajo se celebraba.
Y la Vanesita bailando reguetón de ese con cuanto carajito la sacaba; yo te digo la Vane se las trae oíste.
¿Tú no te bajas todavía verdad?
Primera Parada
Señores muy buenos días. Nosotros somos dos hermanos que salimos del mundo de las drogas y por eso estamos trabajando en vez de estar robando. Aquí traemos esta promoción de dos chocolates importados. Se los vamos a dejar, porque nos caen bien, en 2 por 5 y 3 por 8 de esos bolos fuertes. Tómenlos sin compromiso y los pagan en dos partes: una ahorita y la otra antes de bajarnos. Si no, también pueden colaborar con 2 ó 3 bolos que no empobrecen ni enriquecen a nadie.
Bueno que Dios los bendiga ¡gracias “chófer”!
Vamos a probar los chocolaticos estos…Coño mira, mira al tipo ese, le jaló la cartera a la señora y arrancó a correr… ¡Y nadie hizo un coño! No vale la verdad es que este país se lo llevó quien lo trajo. Lo de la delincuencia no son vainas, hay que estar mosca porque si no te cogen y ni lo disfrutas…y a mi edad me pasa eso y no lo disfruto y coño me daría una arrechera…
Parada Intermedia
…humo quemado que incendia los sentidos. Ruidos que atormentan y entumecen la concentración. Gritos desde adentro, desde donde duele:
¿¡Ta´s aseguraoooo!?
¡Mujer tenías que ser…!
Coño otra marcha:
¡Uh-Ah, Chávez no se va!
¡Y va a caeeerrr…y va a caeeerrr…!
¡¡¡Vayan a trabajar carajooo!!!
Chillan los cauchos. Llora el carajito de la mujer del segundo puesto. Héctor Lavoe canta y nadie le para a su Periódico de ayer. El sudor resbala por tus deseos de tener billete y comprar un último modelo con aire acondicionado. El chofer juega a la fórmula uno. Uno que no encuentra la fórmula para no pasar arrechera. El recoge-latas se da su golpe del día con las sobras del perrocalentero o, en un buen día, una cajita feliz.
Frenazos a 2 x 1. Mentadas de madre en remate. Confusión y anarquía: “Deber y derecho del Soberano”. Chicha deasetecientos y deamil, Panita una deamil ahí antes que arranque este perol…” ¡¡¡Ya vaaa chofeeerrr…tú crees que llevas cochinos aquí!!!
¿Y tú cómo te llamas hijo? Hugo. Hugo qué. Hugo Uribe. Jajajaja…perdón pero es que con ese nombre y ese apellido no te salvas: tú no eres presidente de nada, equipo de béisbol, junta de condominio, club de fans del Puma…jajaja, pero bueno, mejor no hablemos de política ¿Por dónde vamos? Ok, ya yo me voy a bajar, es que voy aquí a San Judas, tú sabes a pedirle vainitas: nunca se debe perder la fe, eso me lo decía Victorita, mi mamá. Yo vengo a la iglesia y hablo un ratico con San Judas y otro ratico con Jesús, no con mi hijo, ése no habla nada en serio, todo el tiempo es un chiste, una sola mariquera pues; no se toma nada en serio, bueno el ron sí y bien en serio…bueh, yo también me echo mis guamazos de vez en cuando.
Como te decía… ¿qué te estaba diciendo? Se me olvidan las vainas vale, pero como dicen por ahí “La vida es lo que uno recuerda…”
Epa, por aquí me bajo yo. Déjame darte un beso y que Dios te bendiga. Recuerda: lo mejor es lo que pasa.
¡Frente a San Judas por favor!
Última Parada
Hora pico, estrés en el menú ejecutivo. El reloj continúa burlándose de ti. La avenida se paraliza entre insultos, olores y ruidos que martillan tu autoestima. Comienza la lluvia, se cierran las ventanas, el sudor moja el pasillo y resbala por los asientos grasientos. Se pierde la respiración. Afuera nadie escucha los gritos y golpes en Braille, sólo se oye el vallenato que el chofer eructa. El niño ya no llora, la mamá se encargó de eso. Las rodillas pegan del respaldar del asiento delantero, duelen los huesos y el salario que no da ni pa´un taxi. Nadie se mira, todos se ven y disimulan la furia. Quién será el pionero, quién lanzará la primera mentada de madre.
Tu jefe se revuelca en su escritorio esperándote. Los tacones de la secretaria le rasgan su soledad. La gente se levanta, motín a bordo, gritan desafinados, sin pena…sin gloria.
Insultos al fiscal, al motorizado, el inválido que vende cidis quemaos también lleva lo suyo: aquí nadie se salva de una buena grosería caraqueña.
El sudor continúa y ahora arruga el alma. El chofer se percata de lo que viene: ¡Insurrección! ¡Vamos a bajarlo…sin miedoooo! ¡Pa´lante! murmulla el borracho que va en la cocina. Los estudiantes ya tienen su bomba de chicle lista pa´lanzarla y pegársela por el coco al chofer. Éste sube estratégicamente el volumen de la radio y sale Celia “no hay que llorar que la vida es un carnaval…”.
Finalmente sucede, pasa lo inevitable, lo que tenía que pasar. La olla por fin explota y todos, luego de un nano segundo de verse a los ojos en cámara lenta y en impecable coordinación, se desgañitan a todo pulmón:
¡¡¡DÉJEME DONDE PUEDAAAAAAA…!!!

