Buenos Aires. Agosto. 9:10 AM. Frío afuera. Calefacción adentro, como aquella canción de Rubén y Willie Plantación adentro camaráaaa. Domingo de radio y TV al unísono, delirio total como cualquier séptimo día. Los Rolling Stones y su Diablo Mick, deshielan la mañana de invierno en una radio online, “hoy es domingo de clásicos…”. En el canal 20 el cocinero “niuyorkino” sigue viajando y comiendo entrañas internacionales. Mientras ella, dice querer tomar un baño, yo veo el cielo a través de la ventana de la habitación del departamento del piso trece en un edificio quieto como se lo impone un Belgrano atormentadamente callado, esperando la primavera. Más tarde leeremos el libro abandonado. Por ahora retozamos en la cama, nos empiernamos: ella delante, yo detrás, acurrucado entre sus nalgas perfectas para mí. Su cabello llena mi cabeza de esperanzas y sueños por cumplir. Sus tetas como obeliscos gemelos, se adhieren a mis manos con frenéticas fuerzas. Profetizamos las noches de romance del próximo diciembre en alguna playa caribeña, de esas que de vez en vez sacan con antojo y precisión, algunas nostalgias no muy bien guardadas. Luego el desayuno, qué más se podría decir de un domingo nublado.

 

 2:15 PM. Leo las noticias, High way to Hell de fondo, ACDC nunca está de más. Ella conjuga su deseo en una cadena perfecta de sonidos, gemidos y roces que llegan en precisa y minuciosa coreografía desde su pie con uñas a medio pintar y manos recién despiertas. Página tres, párrafo segundo: “Corrupción calienta el globo y ahora…quién podrá defendernos”,  pasé de los titulares, gran avance. Uno de sus muslos pintados de canela tropical comienza la danza y se cuela en mi mente. Hay un sismo entre las palabras que leo, resbalan y caen difusas hasta el suelo manchado por vino derramado de la noche anterior. La noticia pierde impacto y sentido. A dormir un poco, cae el diario en el suelo. Me gana nuevamente y me dejo perder en sus caderas. Compartimos titulares y manchetas. Concluimos en lo mismo, cansados, riéndonos. Unos espaguetis con tomates secos no caerían mal. Frío afuera.

 

8:37 PM. Un poco de Dark Side of the Moon mezclado con un extraño domingo que de pronto se creyó sábado: ataque repentino de ego. Cayó en su triste verdad en cuanto salimos a alquilar la peli: la TV, una vez más, repetía su desfile de “estrenos” con su leyenda Apto para Todo Público. Recalentamos la pizza de ayer, jamón y morrones en Delivery O´Clock. Tempranillo y gasificada para ella, coca-cola para mí, y el maldito lunes llamando por teléfono: deje su mensaje y nos reímos sin parar. Sabina sonó a mitad de tarde, ya era muy tarde para pactos entre caballeros, piratas con prótesis, fracasados y princesas cubiertas con polvo blanco.

¡Y este puto frío cuándo se irá carajo!

 

Buenos Aires. Agosto. 2:37 AM. Frío afuera, adentro. Insomnio puntual. Pon la alarma. Un beso. Te amo. Yo a ti. Por la ventana entra la luna y se acomoda, quiere huir del lunes. Sí, te entendemos. Acá hay lugar.

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